Cuencamé de Ceniceros, cabecera del municipio del mismo nombre en el centro-este de Durango, se consolidó desde el siglo XVI como un punto clave de paso y evangelización en la antigua Nueva Vizcaya. Su ubicación lo conectó con los grandes circuitos mineros y ganaderos del norte novohispano y, ya en el siglo XX, su gente ganó fama de “tierra de generales”.
Del paraje indígena al corredor novohispano
La toponimia tradicional ubica el origen del nombre en el náhuatl Concuemi/Concuemitl, “tierras labradas”, castellanizado como Cuencamé. En la década de 1560, órdenes mendicantes establecieron misión y convento; en el siglo XVII, el trazo del Camino Real de Tierra Adentro integró a Cuencamé en la ruta Zacatecas-Durango-Parral. Su convento del siglo XVI está reconocido dentro del itinerario cultural del CRTA.
Haciendas y tránsito
La economía regional combinó agricultura de riego, ganadería y servicios al tráfico arriero. En el paisaje destacan antiguas haciendas como La Loma (Santísima Trinidad de la Labor de España), escenario de episodios clave del siglo XIX y de la Revolución, y núcleos como Velardeña, con tradición minera y ferroviaria.